Cuando Robinson Canó pierde de vista a su sombra, Melky Cabrera, por más de unos minutos, se escucha un grito conocido en el clubhouse “¡Primo!”.
Casi invariablemente, Cabrera aparece desde una esquina al oír eso.
Canó llama a Cabrera “Primo”, pero dado lo cerca que siempre están, el par podría llamarse también mellizos siameses. Viven en el mismo complejo de apartamentos en New Jersey y cada uno vive con su madre.
Se van juntos al Yankee Stadium. Van a las cajas de bateo para bateo extra juntos. Y desde el 2001 han mantenido una amistad en la que visitan sus casas.
“El siempre me da consejos y a veces yo se los doy”, dijo Cabrera, “pero la mayor parte del tiempo, él me dice cosas porque es mayor que yo”.
Todavía no hay un apodo para el dúo aunque han sugerido “Santo Domingo”, la ciudad de donde viene Cabrera y la más grande cerca de la natal San Pedro de Macorís de Canó.
Últimamente, Canó y Cabrera han añadido una rutina de copias. Sus promedios de bateo comenzaron a subir a finales de mayo y han seguido en ascenso. Canó ha subido su promedio de .249 el 29 de mayo a .309. Cabrera ha pasado de .215 el 28 de mayo a .302.
Y los Yanquis también han subido gracias a su intermedista de 24 años y su jardinero central de 23 años cumplidos ayer.
“Al principio de la temporada tuvimos problemas”, dijo Canó, quien registró promedio de .342 el año pasado. “Nunca perdí la esperanza. Nunca bajé la cabeza. Siempre pensé que terminaría bateando más de .300. Siempre esperé eso. Y siempre pensé que el equipo jugaría major”.
Muchos en los Yanquis piensan que la mejoría del conjunto se debe a la producción de Canó y Cabrera. No solo en términos de su producción, sino porque le brindan una energía extra al club.
Alex Rodríguez dijo la semana pasada que se siente como un adolescente alrededor de Canó y Cabrera, quienes celebran los jonrones de A-Rod apretándolo en el dugout y saltando por todas partes. Es cierto, hasta las personas más tercas bajan la guardia con él. [Más...]








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